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Archive for 1/11/13

Desecha, pues, tu inquietud,
bellísima doña Inés,
porque me siento a tus pies
capaz aún de la virtud.

Todo sobre Don Juan en Alcalá

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Por donde quiera que fui
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé
y a las mujeres vendí.

Todo sobre Don Juan en Alcalá

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Las notas de ‘Walk on the wild side’, del recién fallecido Lou Reed, acompañaron la salida de los espectadores que el jueves resistieron hasta el final en la fría noche de la primera representación del Don Juan en Alcalá 2013. Y no es casualidad. Ese paseo por el lado salvaje del que hablaba Reed se parece al que se da Tenorio en la obra de Zorrilla en una de las versiones más populares de este universal mito ibérico.

Además del frío helador y la humedad características de estas fechas y de esa gran explanada que es la Huerta del Palacio Arzobispal de Alcalá, la representación de la XXIX edición del Don Juan en Alcalá ha traído muchas novedades, tanto en la puesta en escena como en el tratamiento de los personajes. La puesta en escena ha incluido la presencia de tres grandes pantallas, dos de ellas, las de los laterales, para seguir más de cerca lo que estaba pasando en el escenario y la tercera, la central, con proyecciones relacionadas con la escena o con personajes que interactuaban con los protagonistas.

Lo que puede entenderse como un gran avance (en una representación multitudinaria como la del Don Juan en Alcalá es imposible que todos los espectadores puedan ver bien lo que ocurre en el escenario) se manifestó como un inconveniente para los que acudieron a ver una obra de teatro. Para que las pantallas reflejen lo que sucede tiene que haber cámaras en el propio escenario, lo que causaba mucha confusión en el escenario. Además, a veces la cámara se interponía entre el personaje que estaba hablando y el público. Esto ocurrió en varias ocasiones incluso en el segundo tablado, el que tiene pantallas y en el que, por lo tanto, sobraban las cámaras (dudo que alguien se quedara mirando las pantallas que estaban en otro lado de la Huerta). También crea confusión el que los actores se dirijan directamente a la cámara en vez de hablar al público. Los espectadores de las primeras filas o los que estuvieran siguiendo la puesta en escena mirando el escenario se quedarían estupefactos al ver que Don Juan o Don Luis decían estrofas completas mirando hacia atrás. Costaba entrar en la dinámica de una obra de teatro representada para las cámaras. Además de la confusión que creaba a veces en escena, en momentos cumbre de la obra, que haya un tercer personaje cerca de los protagonistas, la cámara.

Violonchelista, cámara y apuntador.

En realidad, tercer personaje no, cuarto, porque siempre estuvo presente en escena otra presencia más inquietante aún: la del apuntador. Un señor vestido de negro, pasando páginas, y que no se perdió nada de la obra. Útil para los actores, por supuesto (en alguna ocasión tuvo que acudir a su rescate), pero chocaba que fuera parte de esos decorados que solo constaban de solo algunos elementos como bancos o postes rescatados del parque municipal de Servicios.

Otro personaje que fue mucho más que parte del decorado en el escenario principal fue el violonchelista Matthieu Saglio, que aportó música en directo y añadió ambientación y un poco de calor a escenas que a veces quedaron demasiado frías (y no solo por el clima…). Conste que, en los aplausos finales del público, el músico fue el que recibió la ovación más fuerte. Un tanto a favor de la puesta en escena que ha propuesto este año el director Carlos Aladro.

Hablábamos antes de novedades también en el tratamiento de los personajes. Lo que más chocó al público alcalaíno, curtido en años de Don Juanes, fue la doña Inés a la que daba vida Rebeca Hernando, una doña Inés demasiado despierta, casi autoritaria y borde. Ni rastro de la inocente muchacha que apenas cuenta con 17 primaveras y lleva toda la vida en un convento. Un don Juan demasiado histriónico en algunas ocasiones, dubitativo en otras, incluso temeroso, llega a arrancarse por sevillanas en la hostería mientras relata sus hazañas (pidió palmas para acompañar el famoso “Por donde quiera que fui, la razón atropellé…”, pero el público, demasiado sorprendido, no respondió).

En cuanto a los secundarios, se echó de menos más fuerza en los rivales de don Juan. Don Luis se quedó corto y Juan Ribó puso en escena un don Gonzalo de Ulloa diferente (no peor necesariamente, solo diferente) del comendador al que estamos acostumbrados, con una presencia física menos rotunda de lo habitual. Algo parecido ocurre con Brígida, a la que daba vida Pastora Vega, que cambia la picaresca y la comicidad por una versión más celestinesca. El escultor ganó importancia con Joaquín Hinojosa, quien interpretó a un escultor feliz y satisfecho de su trabajo y que apareció en escena en el último suspiro de la obra para poner el broche final a la obra. Del resto del reparto, cabe destacar las risas que arrancó una hermana tornera borracha y con acento gallego que también contrastaba con la idea preconcebida que tiene el público del personaje.

Sea por el frío de la noche (menos mal que los cambios de escenario permitieron al público moverse un poco) o por los cambios de este año, el público tardó demasiado en entrar en la representación. Ni siquiera atrapó del todo la famosa escena del sofá (“no es cierto, ángel de amor…”), en la que se olvidaron completamente de la pasión. (Una pasión que sí apareció cuando la obra ya había terminado y fuera de lugar…)

Si la idea era sorprender, como parece, el objetivo está cumplido. Y se agradece el intento, aunque encontremos demasiados peros. El año que viene, Don Juan en Alcalá cumplirá 30 años. Que vayan preparando algo a la altura de tal ocasión, por favor.

Mientras, hoy viernes 1 de noviembre hay otra oportunidad para ver la obra. Id abrigados, bien abrigados.

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