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Posts Tagged ‘Tenorio’

Cuando nació el Don Juan en Alcalá, allá por los años 80, hace ahora 30 años, varios cientos de personas recorrían el centro de la ciudad complutense de escenario en escenario siguiendo las aventuras de ese burlador de Sevilla al que volvió a dar vida Zorrilla en el siglo XIX. La obra, que en su momento pasó bastante desapercibida, se recuperó años después para convertirse en un símbolo, con una de las versiones más populares de ese icono español que es el Don Juan. Su llegada a Alcalá no pasó desapercibida, y a su representación al aire libre se fueron uniendo más y más espectadores gracias al boca a boca y al esfuerzo de los encargados de poner sobre las tablas una obra que ha contado con algunos de los grandes nombres de la actuación en España. Finalmente, tal fue la cantidad de seguidores del Don Juan que tuvo que reducirse su representación a la enorme explanada de la Huerta del Obispo.

Pero con su 30 cumpleaños, los organizadores del Don Juan han querido volver a los orígenes y a esa itinerancia primigenia. ¿Locura o genialidad? El resultado ha inclinado la balanza más hacia la segunda que hacia la primera. Los escenarios, situados en el quiosco de la música de la plaza de Cervantes, la balconada del Casino, la plaza de los Santos Niños y la Huerta del Obispo, permitieron a las miles de personas que asistieron a la obra el viernes y sábado (tiempo primaveral mediante) ver sin problemas a los actores. Al menos, así fue para los asistentes habituales a la obra y los que conocían de antemano el funcionamiento de esta representación, que ya sabían cuáles podían ser los sitios estratégicos para situarse mejor y los atajos para llegar de un esceario al otro esquivando al tumulto.

Las innovaciones en esta ocasión se quedaron ahí. Ni monólogos interrumpidos, ni ambientaciones fuera de época, ni cámaras que pasan de actor en actor (como el año pasado). El sonido funcionó a la perfección, ningún fallo técnico. Una representación clásica que ha dejado las innovaciones para otra ocasión. Una baza segura.

Si notable fue el regreso a la itinerancia del Don Juan en Alcalá, también notables fueron las interpretaciones. En la segunda puesta en escena, la del sábado, se vieron pocos fallos sobre el escenario (alguna entrada antes de tiempo y alguna vacilación en algún discurso, muy pocos), con tropezón del escultor Arturo Querejeta en la rampa al abandonar el escenario, caída que solventó con grandeza siguiendo como si nada. Cosas del directo.

Fernando Cayo dio vida a un don Juan descarado y juguetón con el público cuando tocaba (muy divertida la escena de la taberna del Laurel) y creíble en su enamoramiento y conversión final. La réplica que le dio Marta Hazas como doña Inés estuvo más que a la altura e incluso arrancó aplausos espontáneos del público con un monólogo en la escena del sofá que consiguió poner la piel de gallina al respetable -y ojo, que el público alcalaíno de don Juanes y doñas Inés saben un rato-. También notable fue el regreso de Yolanda Arestegui al Don Juan en Alcalá. La que fuera doña Inés dos años consecutivos ha vuelto para dar vida a Brígida con su sobrado buen hacer sobre las tablas. Y Javivi Gil completaba el elenco de caras conocidas dando vida a Ciutti.

Otros componentes del reparto brillaron menos y se mantuvieron en un nivel más discreto (se sigue echando mucho de menos la gran presencia de Antxón Jiménez y su don Gonzalo de Ulloa), pero el nivel general fue muy decente. Hay que tener en cuenta también que la papeleta para estos actores no es nada sencilla: un espectáculo que solo tiene lugar dos veces y ante miles de espectadores, al aire libre, con todas las cosas que pueden salir mal en esas circunstancias… Y con una tradición de 30 años sobre sus hombros. Nada fácil.

Como siempre, lo mejor del Don Juan en Alcalá es el público, vivir una obra de teatro como una experiencia colectiva. Un público cómplice que aplaude entre escenas cuando le apetece para reconocer las cosas que le gustan (algo que en otras circunstancias me parecería inaceptable pero que en esta obra, nuestra obra, es casi obligado). Ese público que hace unos años abucheó una escena del sofá por la violencia con que se representó. Un público que no se calla, que sabe de lo que habla cuando habla del Tenorio. Un público que, entre actos, comenta las referencias teatrales que se han visto en escena. Un público que corre por atajos para llegar a situarse mejor en el siguiente acto. Un público que ha hecho suya una representación que ya es parte imprescindible de las fiestas culturales de la ciudad.

El Don Juan en Alcalá sigue vivo, y lo seguirá durante muchos años. Entre la innovación y el clasicismo. Corriendo riesgos acertados (como uno de los mejores Tenorios de los últimos años, el del 25 aniversario) y otros más discutibles. El Don Juan en Alcalá no solo es la victoria del bien sobre la perdición, del amor sobre el mal, sino también la victoria del Tenorio y la tradición frente a Halloween.

Con esta fuerza, Don Juan seguirá clamando al cielo muchos años más.

Todo sobre el Don Juan en Alcalá.

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Mas es justo: quede aquí
al universo notorio
que, pues me abre el purgatorio
un punto de penitencia,
es el Dios de la clemencia
el Dios de Don Juan Tenorio.

Todo sobre Don Juan en Alcalá

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¡Aparta, piedra fingida!
Suelta, suéltame esa mano,
que aún queda el último grano
en el reloj de mi vida.

Todo sobre Don Juan en Alcalá

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Considera bien
que por cuantos medios pude
te quise satisfacer;
y que con armas al cinto
tus denuestros toleré
proponiéndote la paz
de rodillas a tus pies.

Todo sobre Don Juan en Alcalá

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Desecha, pues, tu inquietud,
bellísima doña Inés,
porque me siento a tus pies
capaz aún de la virtud.

Todo sobre Don Juan en Alcalá

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Por donde quiera que fui
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé
y a las mujeres vendí.

Todo sobre Don Juan en Alcalá

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Las notas de ‘Walk on the wild side’, del recién fallecido Lou Reed, acompañaron la salida de los espectadores que el jueves resistieron hasta el final en la fría noche de la primera representación del Don Juan en Alcalá 2013. Y no es casualidad. Ese paseo por el lado salvaje del que hablaba Reed se parece al que se da Tenorio en la obra de Zorrilla en una de las versiones más populares de este universal mito ibérico.

Además del frío helador y la humedad características de estas fechas y de esa gran explanada que es la Huerta del Palacio Arzobispal de Alcalá, la representación de la XXIX edición del Don Juan en Alcalá ha traído muchas novedades, tanto en la puesta en escena como en el tratamiento de los personajes. La puesta en escena ha incluido la presencia de tres grandes pantallas, dos de ellas, las de los laterales, para seguir más de cerca lo que estaba pasando en el escenario y la tercera, la central, con proyecciones relacionadas con la escena o con personajes que interactuaban con los protagonistas.

Lo que puede entenderse como un gran avance (en una representación multitudinaria como la del Don Juan en Alcalá es imposible que todos los espectadores puedan ver bien lo que ocurre en el escenario) se manifestó como un inconveniente para los que acudieron a ver una obra de teatro. Para que las pantallas reflejen lo que sucede tiene que haber cámaras en el propio escenario, lo que causaba mucha confusión en el escenario. Además, a veces la cámara se interponía entre el personaje que estaba hablando y el público. Esto ocurrió en varias ocasiones incluso en el segundo tablado, el que tiene pantallas y en el que, por lo tanto, sobraban las cámaras (dudo que alguien se quedara mirando las pantallas que estaban en otro lado de la Huerta). También crea confusión el que los actores se dirijan directamente a la cámara en vez de hablar al público. Los espectadores de las primeras filas o los que estuvieran siguiendo la puesta en escena mirando el escenario se quedarían estupefactos al ver que Don Juan o Don Luis decían estrofas completas mirando hacia atrás. Costaba entrar en la dinámica de una obra de teatro representada para las cámaras. Además de la confusión que creaba a veces en escena, en momentos cumbre de la obra, que haya un tercer personaje cerca de los protagonistas, la cámara.

Violonchelista, cámara y apuntador.

En realidad, tercer personaje no, cuarto, porque siempre estuvo presente en escena otra presencia más inquietante aún: la del apuntador. Un señor vestido de negro, pasando páginas, y que no se perdió nada de la obra. Útil para los actores, por supuesto (en alguna ocasión tuvo que acudir a su rescate), pero chocaba que fuera parte de esos decorados que solo constaban de solo algunos elementos como bancos o postes rescatados del parque municipal de Servicios.

Otro personaje que fue mucho más que parte del decorado en el escenario principal fue el violonchelista Matthieu Saglio, que aportó música en directo y añadió ambientación y un poco de calor a escenas que a veces quedaron demasiado frías (y no solo por el clima…). Conste que, en los aplausos finales del público, el músico fue el que recibió la ovación más fuerte. Un tanto a favor de la puesta en escena que ha propuesto este año el director Carlos Aladro.

Hablábamos antes de novedades también en el tratamiento de los personajes. Lo que más chocó al público alcalaíno, curtido en años de Don Juanes, fue la doña Inés a la que daba vida Rebeca Hernando, una doña Inés demasiado despierta, casi autoritaria y borde. Ni rastro de la inocente muchacha que apenas cuenta con 17 primaveras y lleva toda la vida en un convento. Un don Juan demasiado histriónico en algunas ocasiones, dubitativo en otras, incluso temeroso, llega a arrancarse por sevillanas en la hostería mientras relata sus hazañas (pidió palmas para acompañar el famoso “Por donde quiera que fui, la razón atropellé…”, pero el público, demasiado sorprendido, no respondió).

En cuanto a los secundarios, se echó de menos más fuerza en los rivales de don Juan. Don Luis se quedó corto y Juan Ribó puso en escena un don Gonzalo de Ulloa diferente (no peor necesariamente, solo diferente) del comendador al que estamos acostumbrados, con una presencia física menos rotunda de lo habitual. Algo parecido ocurre con Brígida, a la que daba vida Pastora Vega, que cambia la picaresca y la comicidad por una versión más celestinesca. El escultor ganó importancia con Joaquín Hinojosa, quien interpretó a un escultor feliz y satisfecho de su trabajo y que apareció en escena en el último suspiro de la obra para poner el broche final a la obra. Del resto del reparto, cabe destacar las risas que arrancó una hermana tornera borracha y con acento gallego que también contrastaba con la idea preconcebida que tiene el público del personaje.

Sea por el frío de la noche (menos mal que los cambios de escenario permitieron al público moverse un poco) o por los cambios de este año, el público tardó demasiado en entrar en la representación. Ni siquiera atrapó del todo la famosa escena del sofá (“no es cierto, ángel de amor…”), en la que se olvidaron completamente de la pasión. (Una pasión que sí apareció cuando la obra ya había terminado y fuera de lugar…)

Si la idea era sorprender, como parece, el objetivo está cumplido. Y se agradece el intento, aunque encontremos demasiados peros. El año que viene, Don Juan en Alcalá cumplirá 30 años. Que vayan preparando algo a la altura de tal ocasión, por favor.

Mientras, hoy viernes 1 de noviembre hay otra oportunidad para ver la obra. Id abrigados, bien abrigados.

Todo sobre Don Juan en Alcalá

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