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Archive for 2 noviembre 2014

Cuando nació el Don Juan en Alcalá, allá por los años 80, hace ahora 30 años, varios cientos de personas recorrían el centro de la ciudad complutense de escenario en escenario siguiendo las aventuras de ese burlador de Sevilla al que volvió a dar vida Zorrilla en el siglo XIX. La obra, que en su momento pasó bastante desapercibida, se recuperó años después para convertirse en un símbolo, con una de las versiones más populares de ese icono español que es el Don Juan. Su llegada a Alcalá no pasó desapercibida, y a su representación al aire libre se fueron uniendo más y más espectadores gracias al boca a boca y al esfuerzo de los encargados de poner sobre las tablas una obra que ha contado con algunos de los grandes nombres de la actuación en España. Finalmente, tal fue la cantidad de seguidores del Don Juan que tuvo que reducirse su representación a la enorme explanada de la Huerta del Obispo.

Pero con su 30 cumpleaños, los organizadores del Don Juan han querido volver a los orígenes y a esa itinerancia primigenia. ¿Locura o genialidad? El resultado ha inclinado la balanza más hacia la segunda que hacia la primera. Los escenarios, situados en el quiosco de la música de la plaza de Cervantes, la balconada del Casino, la plaza de los Santos Niños y la Huerta del Obispo, permitieron a las miles de personas que asistieron a la obra el viernes y sábado (tiempo primaveral mediante) ver sin problemas a los actores. Al menos, así fue para los asistentes habituales a la obra y los que conocían de antemano el funcionamiento de esta representación, que ya sabían cuáles podían ser los sitios estratégicos para situarse mejor y los atajos para llegar de un esceario al otro esquivando al tumulto.

Las innovaciones en esta ocasión se quedaron ahí. Ni monólogos interrumpidos, ni ambientaciones fuera de época, ni cámaras que pasan de actor en actor (como el año pasado). El sonido funcionó a la perfección, ningún fallo técnico. Una representación clásica que ha dejado las innovaciones para otra ocasión. Una baza segura.

Si notable fue el regreso a la itinerancia del Don Juan en Alcalá, también notables fueron las interpretaciones. En la segunda puesta en escena, la del sábado, se vieron pocos fallos sobre el escenario (alguna entrada antes de tiempo y alguna vacilación en algún discurso, muy pocos), con tropezón del escultor Arturo Querejeta en la rampa al abandonar el escenario, caída que solventó con grandeza siguiendo como si nada. Cosas del directo.

Fernando Cayo dio vida a un don Juan descarado y juguetón con el público cuando tocaba (muy divertida la escena de la taberna del Laurel) y creíble en su enamoramiento y conversión final. La réplica que le dio Marta Hazas como doña Inés estuvo más que a la altura e incluso arrancó aplausos espontáneos del público con un monólogo en la escena del sofá que consiguió poner la piel de gallina al respetable -y ojo, que el público alcalaíno de don Juanes y doñas Inés saben un rato-. También notable fue el regreso de Yolanda Arestegui al Don Juan en Alcalá. La que fuera doña Inés dos años consecutivos ha vuelto para dar vida a Brígida con su sobrado buen hacer sobre las tablas. Y Javivi Gil completaba el elenco de caras conocidas dando vida a Ciutti.

Otros componentes del reparto brillaron menos y se mantuvieron en un nivel más discreto (se sigue echando mucho de menos la gran presencia de Antxón Jiménez y su don Gonzalo de Ulloa), pero el nivel general fue muy decente. Hay que tener en cuenta también que la papeleta para estos actores no es nada sencilla: un espectáculo que solo tiene lugar dos veces y ante miles de espectadores, al aire libre, con todas las cosas que pueden salir mal en esas circunstancias… Y con una tradición de 30 años sobre sus hombros. Nada fácil.

Como siempre, lo mejor del Don Juan en Alcalá es el público, vivir una obra de teatro como una experiencia colectiva. Un público cómplice que aplaude entre escenas cuando le apetece para reconocer las cosas que le gustan (algo que en otras circunstancias me parecería inaceptable pero que en esta obra, nuestra obra, es casi obligado). Ese público que hace unos años abucheó una escena del sofá por la violencia con que se representó. Un público que no se calla, que sabe de lo que habla cuando habla del Tenorio. Un público que, entre actos, comenta las referencias teatrales que se han visto en escena. Un público que corre por atajos para llegar a situarse mejor en el siguiente acto. Un público que ha hecho suya una representación que ya es parte imprescindible de las fiestas culturales de la ciudad.

El Don Juan en Alcalá sigue vivo, y lo seguirá durante muchos años. Entre la innovación y el clasicismo. Corriendo riesgos acertados (como uno de los mejores Tenorios de los últimos años, el del 25 aniversario) y otros más discutibles. El Don Juan en Alcalá no solo es la victoria del bien sobre la perdición, del amor sobre el mal, sino también la victoria del Tenorio y la tradición frente a Halloween.

Con esta fuerza, Don Juan seguirá clamando al cielo muchos años más.

Todo sobre el Don Juan en Alcalá.

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