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Posts Tagged ‘Calderón de la Barca’

En la misma época en la que Calderón de la Barca escribía La vida es sueño, su imaginación también dio origen a La dama duende, una comedia de capa y espada del más puro sabor castellano, una de esas obras tan del gusto de la época, con enredos, momentos para la risa, para la reivindicación del honor y con final feliz en el que, milagrosamente, todo queda resuelto en un momento y todos contentos.

La versión que presenta Producciones Faraute y que ha estrenado en el Teatro Salón Cervantes dentro del Festival de Clásicos de Alcalá cuenta con algunas caras conocidas para el público televisivo (como Marcial Álvarez o Diana Palazón) y la dirección del veterano Miguel Narros, recientemente galardonado con el premio Fuente de Castalia. Casi dos horas y media de representación se terminan haciendo algo largas especialmente en el tramo central. Sin embargo, llama la atención cómo un texto que se escribió en el siglo XVII (convenientemente adaptado) todavía puede arrancar las carcajadas del público.

Destacan la buena interpretación de los actores y la puesta en escena realista, en la que se juegan con diferentes escenarios gracias a un sencillo cambio de la decoración de la habitación en la que se encuentran los personajes. La dama duende nos recuerda un tema recurrente en Calderón como el libre albedrío, aquel que sus hermanos niegan a Ángela por el encierro al que le obligan tras haber quedado viuda. La joven consigue entrar en la habitación del invitado que se aloja en su casa, pero se hará pasar por un duende para no ser descubierta.

A pesar de que le sobran minutos, recomendable para los aficionados al teatro clásico español.

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No sé la razón de la sinrazón que a mi razón aqueja (Lope de Vega)

clasicosDel 12 al 30 de junio, Alcalá vuelve a llenarse de clásicos. Esa literatura que nunca muere, que sabes que siempre está ahí y que nunca te va a defraudar. Las obras de Shakespeare, Lope de Vega, Calderón de la Barca… vuelven a cobrar vida. El recorte en el presupuesto se nota en la menor cantidad de espacios destinados a las representaciones, pero se mantiene la cantidad de obras en el Teatro Salón Cervantes, el Corral de Comedias y las representaciones en el patio de la sede del Instituto Cervantes.

Es difícil destacar obras entre las que vienen este año sin haberlas visto. Pero me parece un programa bastante variado, con protagonismo de Shakespeare, varias piezas de Lope, de Calderón, y menos Cervantes que otras veces. De nuevo, varias de las obras serán estrenos absolutos, en otras ocasiones será la primera vez que se vea en la Comunidad de Madrid, y muchas de ellas irán después al festival de Almagro y allí recibirán mucha más atención que aquí. Es curioso cómo un festival que podría estar a la altura del de Almagro no tiene casi repercusión fuera de Alcalá. Nunca lo entenderé.

Yo ya he hecho mi selección. Espero no faltar a La dama duende, El rey Lear, A secreto agravio, secreta venganza, La noche toledana, De amor y lujuria, El caballero de Olmedo y Las amistades peligrosas (y tengo varias más dudosas). Y eso después de eliminar muchas otras que también me apetecían. Me tiran los clásicos, no hay remedio. Daremos cuenta en este blog de todo lo que vaya dando de sí este año el festival.

Para más información, la web de los Clásicos en Alcalá, su página de Facebook y su cuenta de Twitter.

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Foto: Jesús Peña

Los dramas calderonianos es lo que tienen: te indignan. El médico de su honra es una de esas obras en las que la sensación de impotencia te consume por dentro mientras ves cómo la acción se desencadena dentro de unos moldes morales que en sociedades modernas no tienen sentido. El sentido castellano del honor y de la honra llevados a su máxima expresión sobre la escena del Teatro Salón Cervantes en esta edición de los Clásicos en Alcalá.

Foto: Jesús Peña

Teatro Corsario, que ya pasó por el festival de Clásicos hace un par de años con El caballero de Olmedo, trae una puesta en escena al más puro estilo clásico, lo que se espera de una obra clásica. Actores solventes dan vida a unos personajes que juegan peligrosamente con los celos y con el honor propio y de los demás. Porque tan malo es haber pecado como parecer que se ha hecho, y porque para limpiar la honra, hay que reconocer que se ha sufrido una mancha en ella. En nuestros tiempos, estas cosas ya no se entienden, por suerte. Por eso, las estructuras morales y sociales sobre las que se construye el teatro clásico hoy nos suenan tan forzadas, e incluso improbables. Pero hubo un tiempo en que el solo presentimiento de que se había perdido el honor era suficiente para matar a alguien.

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