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Archive for 19/06/11

En el Festival de Clásicos en Alcalá de este año hemos podido presenciar el estreno absoluto de la versión de La Celestina que ha llevado a la escena el director Mariano de Paco Serrano sobre una versión de Eduardo Galán del libro de Fernando de Rojas. La Celestina es un texto más que estudiado, pero pocas veces visto sobre las tablas: a pesar de ser una obra de teatro, hay serias dudas sobre si su escritor la concibió para ser representada. Se ha debatido si realmente es teatro o es novela dialogada. Podría decirse que es una obra de teatro pensada para ser leída, no representada. Largos y difíciles monólogos y una extensión desmesurada para ser una obra de teatro hacen que las dificultades para llevar a la escena sean evidentes.

Por eso me interesaba especialmente esta representación, por el reto que supone llevar a las tablas una obra de este tipo. La adaptación hace llevable el argumento, prescindiendo de la mayoría de los monólogos, o acortándolos mucho, resumiendo algunas de las partes de la obra y con un lenguaje algo adaptado a nuestro tiempo. Pero, precisamente por eso, lo que vemos en escena no es del todo La Celestina.

Gemma Cuervo trata de trasladar al personaje parte de su personalidad, moviéndose entre el histrionismo, el mundo mágico en que vive Celestina y el terrenal y carnal de su oficio real. Pero ciertos problemas de acústica deslucieron su actuación con fragmentos en los que, salvo en las primeras filas, era muy complicado escucharla. De Sempronio hizo un impecable Juan Calot, y también destacaron Pármeno, Elicia y Areúsa. El resto, más que discretos. Aunque, para mi gusto, Calisto y Melibea son dos de los personajes más pusilánimes y más sin gracia de toda la literatura español; igual es manía personal.

Una escenografía original y eficiente servía para representar la casa de Calisto, la de Celestina o la de Melibea solo con un movimiento de uno de los bloques que formaban el decorado y que permitía tener una terraza, escaleras y ventanas. La música apropiada, con disonancias constantes, también aportaba dramatismo a la puesta en escena.

Algunas escenas no están bien resueltas del todo: el momento previo a la muerte de Calisto parecía más cómico que otra cosa, cuando en realidad estamos en pleno clímax de la obra.

Mi conclusión, después de haber leído en repetidas ocasiones y haber estudiado bastante en profundidad la obra, es que me quedo con su lectura sobre papel que con su puesta en escena; al menos, no con esta puesta en escena. Eso sí, hay que reconocer que partía con muchos handicaps, algunos de los cuales son insuperables.

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